Desde el 28 de Junio a esta parte somos testigos de una de las más formidables transformaciones políticas que tengamos memoria los argentinos. La presidenta tomó la sartén por el mango y, contra todos los pronósticos (sobre todo inducidos por los grandes medios, que auguraban un “retiro” paulatino de la escena política) “derramó” un agitado río de medidas radicales sin precedentes en la historia reciente.
Habría que remontarse a principios de los 90`s para recordar medidas tan profundas. Alguno se sentirá incómodo con esta comparación pero es indudable a esta altura que el peronismo es un vehículo político 100 % argentino, capaz de cristalizar los sueños de generaciones de luchadores y patriotas, y del mismo modo aniquilar cada una de esas conquistas.
Por eso no es de extrañar que se “agudicen las contradicciones” como se gustaba llamar en otras épicas…digo épocas…(ja!).
Una vez más, el “hecho maldito del país burgués” vuelve a asomarse entre nosotros. Ya se lo huele. Contrariamente a los que señalan que las agendas políticas deberían implementarse desde las plataformas de los partidos (una broma de mal gusto), Cristina está haciendo lo que todo “buen compañero peronista” debe hacer en el poder: cagarse de risa del poder.
Porque si existe un peligro real para el poder económico acá y en cualquier parte, es la desfachatez de un político sin miedo, que demuestra que es posible plantarse, que el capital no es un “cuco malo” sin rostro ni identidad, sino producto de acciones y decisiones bien humanas.
Quizá el mayor aporte de la presidenta sea ese, “ponerle el cascabel al gato“. En un país donde los ricos hablan de dictadura, la clase media (que es media en todo) y la argentina profunda directamente sin habla.
Este aporte netamente argentino a la humanidad es invaluable, y cuando las mayorías lo adivinen la historia será otra…